Argelia. Orán. Tercera parada de la gira PDA. País hermético y misterioso como la caja negra de un avión. Cárcel de Cervantes. Descansillo de Franceses hasta que se hincharon de llevarse su oro y su petróleo. Preciosas casas colonialista Art decó utilizadas como guarda muebles. Calles sucias. Bares con poquitas mujeres. Mujeres que valen más que los hombres de los bares. Bombardeo de religión por aire y por mar. Jóvenes estáticos agolpados en las esquinas con aspecto parecido a los zombis del video clip de Michael Jackson. Y mucho por hacer. Esta es la historia de Argelia. Un país con mucha paradoja donde no falta la parabólica.

Llegada de PDA al aeropuerto de Orán (Argelia)
Y en un rincón de la ciudad, en la calle Albert Premi, El Instituto Cervantes, lugar que estos días fue tomado al asalto por 19 niños y niñas aguerridos y talentosos que se hincharon ha dibujar y comer galletas de chocolate en los descansos.

Los chicos pintaron en la fachada de la pared.
Un taller especial.
Para nosotros todos los talleres son especiales, pero, éste tiene un componente muy rico en la parte narrativa porque los niños se expresaron con la palabra escrita de manera contundente, cosa que los mayores ya les cuesta, también en la prensa diaria, tal y como nos dijeron los propios periodistas que acudieron a cubrir el Taller; asombrados y estupefactos ante el descaro y la viveza de las palabras incendiarias de los infantes.

El dibujo cobraba vida con la técnica “Stopframe”…
Y como un juego narrativo entre lo que me gusta y lo que no me gusta salieron frases que atravesaron el frágil papel argelino: “No me gusta rezar” Y ya en la parcela menos mística se atrevieron con las cuestiones escolares: “No me gusta que la profesora me pegue porque yo no he hecho nada malo.” También hablaron de sus héroes abuelos que lucharon contra los franceses en la eterna guerra de Liberación: “Mi abuelo mató a 24 personas, pero, es muy bueno y le quiero mucho.” Pero quien se llevó el mayor patadón a la espinilla fue el estado comatoso de las calles de Orán: “No me gusta que las calles estén sucias, el ruido de los coches no me deja dormir, y las paredes de los edificios están destrozadas. ¡Qué cambien todo eso por árboles!

En este taller los niños argelinos hicieron un trabajo sobresaliente.
Y eso no quiere decir que los niños de Orán no quieran su ciudad, se la quieren, y mucho, pero, precisamente, como estamos ante un lugar paradójico, titularon el corto: “Orán, ciudad sucia y maravillosa”. Por algo será.

Contentos después de la gran paliza de dibujar en las paredes.
También tuvieron momentos de ternura cuando un niño escribió que tiene un hermano muy vago que no hace nada al que quiere mucho, o cuando dibujaron a la abuelita de una niña que se va al cielo donde Alá le deja pasar “porque hizo el Ramadán y rezó mucho.”

Hola, Hola…
El resultado del corto se puede interpretar como una llamada de atención de los niños a los adultos que piden un país mejor en el futuro. Queda claro que nosotros ayudamos ha transmitir la inquietud de los chicos; apoyando en el apartado técnico, pero, pretender opinar sobre un país que hemos visitado durante 7 días sería una completa frivolidad. Tenemos claro que nuestro proyecto se cimenta en dar cancha al imaginario infantil. En la mirada de los chicos hacia su propio entorno y el libre pensamiento para que expresen cuanto deseen en la página en blanco.

Reacciones ante el título del corto.
Los niños inventaron el título en la pared: “Orán, la ciudad sucia y maravillosa”. Y al día siguiente, nos encontramos que arriba del título alguien había escrito: “Los españoles son simpáticos, pero idiotas.” ¡Qué divertido!
El audio se hizo en un insólito y curioso francés mezclado con árabe que, dicho sea de paso, es un idioma nuevo que ellos se han inventado, fruto de colonización francesa y que a veces resulta muy chocante en la pronunciación.
Si tuviera que definir el taller de Orán se llamaría el taller de la resistencia. Resistencia de David y Tyto para coordinar a 19 niños y niñas, sobre todo el último día donde pintaron en la pared de una vieja fábrica. Resistencia de los chicos que tuvieron el aguante suficiente de estar bajo un sol de justicia, pintando en la pared, y luego blanqueándola, dando ejemplo de lo que les gustaría a ellos que fueran las paredes de su ciudad.

Houaria, un amor de mujer, con Orán a sus pies.
Por último queremos agradecer al Instituto Cervantes de Orán por el apoyo y el entusiasmo, en especial a su valeroso y cercano director, Javier Galván, a la ayuda incondicional de Houaria, la pequeña y dulce Asha (Ahora ya sabes como se hacen los dibujos animados.) A Ernesto y su cámara. A Cesar y su pipa. A los dos chicos Argelinos que nos ayudaron y nos dieron sus conocimientos sobre el terreno. A Javier Sanz del Cervantes de Madrid que nos ayudó ha tramitar los visados (Ahora ya sabemos lo que cuesta entrar en este país, no quiero imaginar lo que les debe costar a ellos entrar en el nuestro.) Y claro está, a los niños y niñas de Orán. Vosotros sois la fuerza.























































