¿Qué tienen en común la calida Brasil con la fría Chekia?

Llegada de PDA al aeropuerto de Praga.
A simple vista, nada. Pero si escarbamos en la geografía de los dos países encontraremos un punto que se lo debemos, principalmente, a un señor Checo llamado Tomás Bata, (Tomáse Bati)

El hombre que no dejó a ningún comunista sin zapatos.
Este señor con voz ronca y bigote de trazo grueso, fundó un imperio del calzado en un pueblecito llamado Zlin, situado a 300 kilómetros de Praga. Su mentalidad comunista le llevó ha construir una ciudad cuadrada, diseñada para que vivieran sus trabajadores y que, posteriormente, sería un modelo a imitar en lo que hoy se conoce como Brasilia. Curioso, curioso.

Arquitectura cuadrada como la cabeza del señor Bata.
Pues bien, las vueltas que da la vida, hasta zlin nos desplazamos para hacer el taller PDA. La actividad estaba enmarcada dentro del prestigioso Festival de cine infantil y juvenil de la ciudad, que viene a ser el Festival de Cannes para este público donde se exhibe lo más granado de la producción anual del género.

Este año el festival dedicaba una retrospectiva al cine español.
El Festival conjuntamente con El instituto Cervantes de Praga programó el taller PDA con 19 niños y niñas de un pueblecito llamado Lipa. Además, se pudieron ver los últimos cortos de PDA y ofrecimos una conferencia sobre el proyecto a estudiantes universitarios de Pedagogía.

Peluches andantes entrenían a los peques.

-¡Hola! Soy el conejo, ¿Cómo te llamas?
Y ya en el terreno del taller los chicos escribieron una historia colectiva, a partir de textos individiduales, sobre la ciudad de Zlin, Tomas Bata y su fábrica de Calzado. Hay momentos delirantes cuando explícan que el propio Bata tenía su despacho en el ascensor de la Fábrica donde las secretarias corrían escaleras arriba y abajo, locas tras el ascensor, para llevarles el café, escribir una nota, o simplemente, hacerle un masaje en los pies.

Las casitas cuadradas de Zlin.
Desde este peculiar despachito itinerante Bata no dejó a ningún comunista descalzo. Le puso botas a soldados y botines a la sufrida lechera checa. Hizo ruedas de coche con el caucho que se trajó del Amazonas, fabricó aviones, produjo una publicidad delirante, llena de ingenio, y se compró un bosque infinito. Vamos, como una especie de Howard Hughes en versión comunista, pero, sin el glamour ni la pompa capitalista.

El famoso rascacielos 24, con su ascensor animado en Carbón.

El racacielos 24 donde Bata construyó su imperio.
Con este taller se inicia un nuevo periodo de animación en el PDA donde se da uso a figuras tridimensionales como cajitas de zapatos que los propios niños traían desde sus casas y que luego pintaban para disponerlas en un pequeño escenario que recordaba a los antiguos teatritos de cartón.

Casas de Bata forman el nombre del pueblo.

La fábrica Bata con los protas.
En este corto no hay que perder de vista la intención de los chicos de hablar de una época pasada, “la herencia soviet”, que hoy la ven como algo bastante aburrido. “Tomas Bata no sabría como divertirse en un castillo de goma.”

Primer día: Los chicos dibujan y escribien la historia.
Gracias en especial a Petra y al Instituto Cervantes de Praga por darnos esta oportunidad de realizar el taller, al festival de Zlin, a los niños, que dibujaron y cantaron “Prashi, Prashi” Lluvia lluvia. A Marina Díaz, (mucha, Marina, mucha…). A la guía de la fábrica Bata, que nos dejó subir en el ascensor del emperador del calzado, a la televisión Checa, (por pesados) a Ladi y María, las traductoras que nos ayudaron a comunicarnos con los chicos y a Óscar Fernández con el que disfrutamos de su exposición de fotografías sobre retratos de directores de cine españoles en un portentoso blanco y negro.

Sekula, (11 años) talento natural para el dibujo.

Visionando la animación que acaban de generar con carboncillos.
En septiembre colgaremos la peli.
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